Tamales navideños
Hay recetas que huelen a casa antes de probarlas, y estos tamales navideños dulces son justo de esas. Tienen guayaba, tejocote, pasitas, coco y ese aroma calientito de anís que recuerda a posadas, frío, ponche y familia reunida.
Lo bonito es que no son los tamales dulces de siempre. Aquí la masa queda suavecita, ligera y con un relleno que sabe a ponche navideño hecho tamal. Y sí, si los preparas para una reunión, lo más seguro es que alguien te pida uno para llevar.
🥬 Ingredientes
Con estas cantidades salen aproximadamente 18 tamales navideños, dependiendo de qué tan grandes los armes. Si los quieres para posada, calcula más de uno por persona, porque suelen repetirse.
🥘 Preparación paso a paso
La clave de estos tamales está en trabajar la masa sin prisa y cuidar que el relleno quede jugoso, aromático y bien repartido. No es una receta difícil, pero sí conviene respetar el orden.
Prepara la infusión de anís
Coloca una taza de agua en una ollita y agrega las dos cucharadas de anís. Cuando suelte el hervor, apaga el fuego y deja reposar hasta que se enfríe.
Esta infusión le da a la masa ese sabor especial, suave y navideño. No debe quedar demasiado fuerte, pero sí lo suficiente para que se sienta al probar el tamal.
Derrite la manteca
En otra cacerolita, pon la manteca de cerdo a fuego bajito. Solo necesitas derretirla, no freírla ni dejar que humee. Cuando esté líquida, apaga el fuego y espera a que quede a temperatura ambiente.
Este detalle importa porque si la agregas demasiado caliente, puede cambiar la textura de la masa. Lo ideal es que esté derretida, fría y manejable.
Mezcla la masa
Pon la masa de maíz en un recipiente amplio. Agrega el polvo para hornear, el bicarbonato y la sal. Mezcla ligeramente para que esos ingredientes se repartan bien desde el inicio.
Después incorpora la manteca derretida y fría. Amasa hasta que ya no se vea el líquido separado. La masa empezará a verse más suave, brillante y con mejor cuerpo.
Ahora agrega el azúcar, media taza de caldo de pollo y media taza de la infusión de anís colada. Es importante colarla con malla fina para que no pasen las semillitas.
Bate hasta lograr una masa ligera
Como esta masa queda más suave que otras masas para tamal, puedes usar batidora eléctrica de mano. Bate unos 7 u 8 minutos, hasta que se deshagan los grumos y se vea esponjosa.
Si notas que aún puede recibir más líquido, añade un poco más de infusión de anís. La textura debe quedar ligera, pero no tan aguada que se escurra sin control.
La masa ideal se ve aireada, suave y fácil de extender sobre la hoja. Al probarla, debe sentirse dulce, con sabor a maíz, manteca y un toque delicado de anís.
Prepara el relleno de frutas
En un tazón mezcla las pasitas, el coco rallado, las guayabas picadas y los tejocotes en dulce. Si tienes un poco de almíbar de los tejocotes, agrégalo para que el relleno quede más húmedo y sabroso.
Este relleno huele completamente a Navidad 🎄. La guayaba recuerda al ponche, el tejocote aporta dulzor frutal, las pasitas pintan un poco la masa y el coco deja un sabor muy rico al final.
Arma los tamales
Toma una hoja de maíz remojada. Si está rota, usa dos hojas encimadas para evitar que la masa se salga. Coloca dos o tres cucharadas de masa, según el tamaño que quieras.
Extiende la masa sin llegar hasta los bordes. Agrega una porción del relleno en el centro y envuelve con cuidado. Dobla la punta inferior para cerrar bien el tamal.
Como la masa es ligera, conviene no apresurarse. Si los cierras flojos, pueden abrirse durante la cocción. Si los cierras bien, quedan firmes, bonitos y con el relleno en su lugar.
Cocina en vaporera
Acomoda los tamales parados sobre la rejilla de la vaporera. El agua debe quedar debajo de la rejilla, sin tocar los tamales. Cubre con hojas sobrantes o con una servilleta de cocina húmeda.
Cuando el agua empiece a hervir, cuenta el tiempo. Cocina durante 1 hora y 25 minutos a 1 hora y media, revisando que no falte agua en la vaporera.
Estarán listos cuando la hoja se despegue limpia de la masa. Ese es el punto más confiable: si la hoja sale limpia, el tamal ya está bien cocido.
🍇 El secreto de la masa dulce
Una de las cosas más curiosas de estos tamales es que llevan caldo de pollo aunque son dulces. Puede sonar raro, pero no les da sabor salado ni los vuelve extraños.
El caldo ayuda a dar profundidad y suavidad. Junto con la manteca de cerdo, hace que la masa tenga un sabor más completo, como esos tamales caseros que se sienten bien hechos desde la primera mordida.
No necesitas usar toda la taza de caldo desde el principio. Empieza con media taza y ajusta solo si la masa lo pide. La infusión de anís también cuenta como líquido, así que hay que equilibrar.
Textura correcta de la masa
La masa debe sentirse suave y ligera, pero todavía capaz de sostenerse sobre la hoja. Si parece una crema demasiado líquida, será más difícil envolver los tamales.
Si queda muy espesa, el tamal puede sentirse pesado. Si queda demasiado floja, se puede salir. El punto bonito está en una masa esponjosa, húmeda y manejable.
Por qué conviene batirla
Batir la masa ayuda a romper grumos y meter aire. Eso se nota mucho en el resultado final, porque el tamal queda más suave y no se siente compacto.
Además, esta receta permite usar batidora porque la masa no es tan pesada. Eso facilita bastante el trabajo, sobre todo si vas a preparar varios para una reunión.
El relleno es lo que hace que estos tamales se sientan tan de temporada. No es solo poner fruta por poner; cada ingrediente aporta algo distinto al conjunto.
La guayaba da aroma, el tejocote aporta esa sensación de ponche, las pasitas agregan dulzor profundo y el coco rallado deja una textura que aparece justo cuando muerdes.
Si te encantan las pasitas, puedes dejarlas tal cual. Si no son tus favoritas, reduce la cantidad y compensa con más guayaba o más tejocote. La receta permite ajustar sin perder su esencia navideña.
Cómo ajustar las frutas
Lo importante es mantener equilibrio. Si pones demasiada fruta húmeda, el tamal puede tardar más en cocerse. Si pones muy poca, perderá ese encanto de relleno generoso.
Una buena guía es que cada tamal tenga fruta suficiente para sentirse especial, pero sin quedar tan cargado que sea difícil cerrarlo. El relleno debe acompañar a la masa, no romperla.
🎄 Variantes para hacerlos a tu gusto
Estos tamales navideños aceptan pequeños cambios sin dejar de sentirse caseros y festivos. Puedes jugar con el relleno, el dulzor o incluso con el tamaño, según la ocasión.
Para una posada, conviene hacerlos medianos. Para venderlos o regalarlos, pueden ir un poco más generosos. Y si son para acompañar café o atole, una versión más pequeña queda perfecta.
- Con más guayaba: quedan más aromáticos y con sabor muy cercano al ponche tradicional.
- Con menos pasitas: el sabor se vuelve más suave y menos dulce, ideal para quienes prefieren tamales menos intensos.
- Con nuez picada: puedes añadir un poco al relleno para dar textura crujiente y un toque más festivo.
- Con más coco: el tamal queda más perfumado, aunque conviene no excederse para que no opaque la guayaba.
También puedes usar harina de maíz nixtamalizado si no tienes masa fresca. Solo prepara la cantidad necesaria hasta obtener un kilo de masa y sigue el mismo proceso.
🔥 Cocción, vapor y señales de que ya están listos
La cocción al vapor necesita paciencia. No conviene abrir la olla a cada rato, pero sí debes revisar que la vaporera no se quede sin agua.
El tiempo estimado es de una hora y media porque la masa es ligera y húmeda. Aun así, el punto final siempre lo marca la hoja: debe despegarse limpia y sin masa pegada.
El error de poner demasiada agua
El agua nunca debe rebasar la rejilla. Si toca los tamales, no se cocinan bien al vapor y pueden quedar aguados por abajo.
Lo correcto es que el vapor haga el trabajo. Por eso también ayuda cubrirlos con hojas de maíz o una servilleta húmeda, para mantener calor parejo.
☕ Con qué acompañar
Estos tamales piden una bebida calientita. Con atole quedan espectaculares, especialmente si es de tejocote, guayaba, vainilla o canela.
La combinación tiene mucho sentido: el relleno recuerda al ponche, y un atole espeso termina de convertir la receta en una merienda de invierno muy reconfortante.
También puedes servirlos con café de olla, champurrado o una taza de chocolate caliente 🍫. Para una mesa de posada, se ven preciosos junto a jarritos, canela y fruta de temporada.
❄️ Cómo conservarlos y recalentarlos
Si te sobran tamales, deja que se enfríen por completo antes de guardarlos. Luego colócalos en un recipiente con tapa o en bolsas bien cerradas.
En refrigeración duran de 3 a 4 días. Si quieres conservarlos por más tiempo, puedes congelarlos ya cocidos, bien envueltos, para que no absorban olores del congelador.
Para recalentarlos, lo mejor es usar vaporera durante unos minutos. Así recuperan humedad y la masa vuelve a sentirse suave. El microondas funciona, pero conviene cubrirlos con una servilleta húmeda.
No los recalientes demasiado, porque pueden resecarse. Lo ideal es calentarlos solo hasta que el centro esté suave y aromático otra vez.
✨ Consejos para que salgan más ricos
Hay recetas que no dependen solo de los ingredientes, sino de pequeños gestos. En estos tamales, la diferencia está en la humedad, el aroma y el equilibrio del relleno.
No escurras demasiado las frutas si quieres un tamal jugoso. Ese poquito de almíbar ayuda a que el relleno se sienta más integrado y con sabor navideño.
Eso sí, tampoco agregues demasiado líquido al relleno. Con un cuarto de taza basta para humedecer sin convertirlo en una mezcla aguada.
Cuando armes los tamales, procura que todos tengan un tamaño parecido. Así se cocinan de forma más uniforme y no tienes unos listos mientras otros siguen crudos.
Y si quieres que se vean más bonitos al servir, elige hojas completas para los tamales más presentables. Las hojas rotas puedes usarlas para reforzar o para cubrir la vaporera.
Estos tamales navideños tienen todo lo que se espera de una receta de temporada: aroma, dulzura, fruta, maíz y ese sabor casero que se queda en la memoria.
Servidos calientitos, con un atole al lado y el vapor saliendo al abrir la hoja, se vuelven una de esas recetas que no necesitan mucha explicación. Basta probarlos para entender por qué un solo tamal casi nunca alcanza.

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