Costillas de cerdo en salsa verde

Hay guisados que simplemente no pueden faltar en tu casa, y las costillas en salsa verde son uno de ellos. Son rendidoras, bien sabrosas y tienen ese sabor casero que nos recuerda la cocina de mamá o de la abuela.

En este artículo te voy a enseñar cómo prepararlas paso a paso, desde cocer la carne hasta lograr una salsa verde equilibrada, nada ácida y con el picante justo.

Además, veremos trucos para que queden suavecitas y perfectas para acompañar con arroz, frijolitos o tortillas recién hechas.

Índice

🌿 Ingredientes

Tiempo
1 hora 30 minutos
Preparación
Fácil
Para la carne:
🥩 1 kg de costillas de cerdo en trozos
🧄 3 dientes de ajo
🧅 1 trozo de cebolla
🌿 1 hoja de laurel
🧂 Sal de grano al gusto
🫒 1 cucharada de aceite
Para la salsa verde:
🍅 750 g de tomate verde
🌶️ 2 a 4 chiles serranos
🧄 2 dientes de ajo
🧅 1 trozo pequeño de cebolla
🌿 Un manojo pequeño de cilantro
🧂 Pimienta y sal al gusto

Procedimiento completo

Ahora sí, vamos a ver el proceso completo paso a paso para que tus costillas queden suavecitas, bien doradas y con una salsa verde perfectamente sazonada.

Aunque parece un guisado sencillo, cada etapa tiene su importancia. Desde cocer la carne correctamente hasta integrar la salsa en el momento exacto, todo influye en el resultado final.

Si sigues estos pasos con calma, respetando los tiempos y el fuego, lograrás unas costillas jugosas y llenas de sabor, ideales para acompañar con arroz o tortillas recién hechas.

Cocer las costillas

Coloca las costillas limpias en una olla y cúbrelas con agua suficiente. Agrega ajo, cebolla, hoja de laurel y sal de grano para que la carne empiece a tomar sabor desde el inicio.

Lleva a fuego alto hasta que hierva. Cuando aparezca espuma en la superficie, retírala con cuidado para que el caldo quede más limpio y el sabor sea más agradable.

Después baja a fuego medio y deja cocinar aproximadamente una hora, o hasta que la carne esté bien suave y fácil de desprender del hueso.

Dorar la carne en su propia grasa

Una vez que el agua se haya evaporado casi por completo, las costillas comenzarán a freírse en su propia grasita. Este momento es clave para obtener ese dorado delicioso.

Si notas que soltaron poca grasa, añade una cucharada de aceite. Mueve ocasionalmente para que se doren parejitas por todos lados sin quemarse.

Déjalas freír de 8 a 10 minutos hasta que estén ligeramente crujientes por fuera pero suaves por dentro.

La salsa verde

Mientras la carne se cocina, asa en un comal caliente los tomates verdes, los chiles, el ajo y la cebolla. Voltea constantemente para que se asen de manera uniforme.

Cuando estén suaves y ligeramente dorados, pásalos a la licuadora junto con cilantro, sal y un poco del caldo de la cocción.

Licúa hasta obtener una salsa tersa y homogénea. Debe tener una consistencia ligeramente espesa, pero fácil de verter.

Integrar

Vierte la salsa directamente sobre las costillas doradas. Mezcla bien para que cada trozo quede cubierto con esa salsa verde vibrante.

Agrega un poco más de caldo si deseas una textura más ligera. Deja hervir a fuego alto unos minutos para que la salsa cambie de color y se intensifique el sabor.

Rectifica de sal y añade pimienta al gusto. Aquí es donde ajustas el punto final del guisado.

Cocción final y reposo

Baja ligeramente el fuego y deja que todo se cocine junto durante 8 a 10 minutos más. Esto permite que la carne absorba el sabor y quede perfectamente integrada.

Apaga el fuego y deja reposar unos minutos antes de servir. Ese pequeño descanso ayuda a que la salsa tome cuerpo y el guisado quede aún más sabroso.

Ahora sí, tus costillas en salsa verde están listas para disfrutarse, bien suavecitas y con un sabor casero irresistible.

No retirar la espuma: el caldo queda turbio y el sabor se altera.

No dorar la carne: el guisado queda plano y sin carácter.

Exceso de tomate: la salsa puede resultar demasiado ácida.

Agregar demasiada agua: la salsa pierde intensidad.

No rectificar sal al final: el sabor puede quedar incompleto.

Cuidando estos detalles, el resultado será un guisado suavecita la carne y con una salsa deliciosa.

¿Con qué acompañar?

Este guisado rinde aproximadamente de cuatro a seis porciones, dependiendo del tamaño. Lo ideal es servirlo con arroz blanco o rojo bien esponjoso.

También combina perfecto con frijoles de la olla o refritos. Y por supuesto, no pueden faltar unas tortillas de maíz calientitas para hacer un buen taco.

Si quieres algo más ligero, puedes acompañarlas con nopales o una ensalada sencilla. Lo importante es que disfrutes este platillo que, además de fácil, es rendidor y siempre queda bien.

✨ El secreto para que la salsa no quede ácida

El problema más común con la salsa verde es que, si te pasas de tomate o no lo trabajas bien, puede quedar demasiado ácida y opacar el sabor de la carne. La buena noticia es que se corrige con técnica, no con “milagros”.

Primero, cuida el tomate verde desde el inicio: elige tomatillos frescos, firmes y sin arrugas. Si están muy viejos, suelen concentrar un amargor raro y la acidez se siente más “punzante”.

Un truco bien sencillo es retirar la parte blanca del tomatillo cuando la notes muy marcada. No siempre hace falta, pero cuando el tomate viene “bravito”, eso ayuda a que la salsa salga más limpia de sabor.

Luego viene lo que de verdad cambia el juego: asar los tomates, chiles, ajo y cebolla en comal. Ese asado “redondea” el sabor, baja la sensación de acidez y da un toque ahumadito que hace que la salsa sepa a guisado de casa.

Si vas a asar chiles enteros, hazles un orificio pequeño para que no exploten. Y retira primero el ajo y la cebolla si ya están listos, porque se queman rápido y pueden amargar la salsa.

Al licuar, no te vayas con pura agua. Lo ideal es usar caldo de la cocción de la carne (aunque sea una parte) para que la salsa tenga cuerpo y amarre el sabor con el guisado.

Y aquí está el secreto “finito”: una pizquita de azúcar, como un cuarto de cucharadita o media cucharadita si el tomate está muy ácido. No es para que quede dulce, es para equilibrar.

💜 Ajustes rápidos si tu salsa salió intensa

Muy ácida: agrega una pizca de azúcar y un chorrito de caldo caliente.

Amarga: revisa si se quemó el ajo o la cebolla; cuela y añade un poco más de tomate asado.

Le falta “sabor”: sube la sal poquito a poco y añade más cilantro.

Otro detalle que funciona es no saturar de tomatillo. Si a un kilo de costillas le pones un kilo de tomate verde, es más probable que la salsa quede agresiva. Mejor usa una cantidad moderada y ajusta con caldo.

Al final, deja que hierva unos minutos con la carne para que se “cure” el sabor. Una salsa recién licuada puede sentirse filosa, pero cuando hierve con la grasa y el caldo del guisado, se vuelve más amable.

¿Se puede hacer en olla de presión?

Sí, y de hecho es una forma buenísima cuando quieres costillas bien suavecitas sin esperar tanto. La clave es entender que la olla de presión acelera la cocción, pero no reemplaza el dorado ni el sazonado final.

Lo más práctico es cocer primero las costillas con aromáticos: cebolla, ajo, sal y, si te gusta, una hoja de laurel. En presión, con la válvula ya trabajando, suele tardar unos 20 a 25 minutos, dependiendo del tamaño del trozo.

Cuando destapes, es importante colar y reservar un poco del caldo. Ese caldo es oro para licuar la salsa y para ajustar la textura al final sin que la preparación sepa “aguada”.

Después viene el paso que no conviene saltarse: dorar las costillas. Puedes hacerlo en una cazuela con un poco de aceite o incluso en la misma olla (si tu olla lo permite y tiene modo de sofreír). Ese dorado da carácter.

Ya doradas, integras la salsa verde y dejas hervir destapado unos minutos. Ahí ajustas sal, pimienta y consistencia. Es el momento de probar y decir: “le falta tantito”, sin pasarte.

🟡 Pista: Aunque uses presión, termina el guisado a fuego normal para que la salsa se “asiente”.

Así evitas una salsa con sabor crudo y logras un acabado bien integrado.

Si quieres hacerlo todo en presión, se puede, pero hay riesgo de que la salsa quede con sabor más “verde crudo” o que las costillas no tomen ese doradito sabroso. Lo mejor es usar la presión para ablandar y luego terminar como guisado.

Y un detalle importante: si vas a agregar nopales, conviene tenerlos ya cocidos y escurridos. Así no te cambian la consistencia de la salsa ni te sueltan baba en pleno cierre del guisado.

Variaciones deliciosas del guisado

Una vez que dominas las costillas en salsa verde, lo divertido es jugar con variaciones sin perder lo esencial: carne suave, salsa bien sazonada y un picante que se sienta delicioso, no castigador.

La variación más clásica es ajustar el nivel de picante con el tipo de chile. Serrano para un sabor más directo, jalapeño para un picor más amable. También puedes combinar, pero siempre prueba antes de licuar.

Otra variación es el tipo de corte. Hay quien lo hace con espaldilla, lomo o carne para freír. Lo importante es que el trozo sea cómodo y que tenga algo de grasita para que el guisado no quede seco.

También puedes tatemar más la salsa para que sepa más “comal”. Mientras más asado controlado, más profundidad. Solo cuida no quemar el ajo, porque eso sí amarga.

Y si un día quieres hacerlo más rendidor, puedes integrar verduras que se llevan perfecto con salsa verde, como calabacitas en cubitos o un toque de cebolla en pluma al final, para que quede más completo.

Con nopales

Con nopales, el guisado se vuelve una joya bien mexicana. Lo ideal es elegir nopales pequeños y tiernitos, porque sueltan menos baba y quedan con mejor mordida.

Una forma práctica es cocerlos aparte con agua, sal, un diente de ajo, un trozo de cebolla y unas ramitas de cilantro. Cuando cambian de color y ya están suaves, se escurren y se retiran esos aromáticos.

Si te preocupa la baba, puedes agregar una pizca de bicarbonato al agua de cocción. O, si te gusta más el método “de cazuela”, cocerlos sin agua con sal y cáscaras de tomatillo para que suelten baba y se evapore.

El momento de agregarlos importa: incorpóralos cuando la carne ya está dorada y antes de añadir la salsa, o justo después de poner la salsa, pero siempre dejando que hierva unos minutos para que el nopal se impregne.

🟢 Consejo experto: Escurre bien los nopales antes de mezclarlos.

Así la salsa no se aguada y el guisado queda más concentrado.

Otras especias (epazote, comino o clavo)

Las especias pueden llevar tu guisado a otro nivel, pero aquí aplica la regla de oro: poquito, porque la salsa verde es delicada y se puede “tapar” fácil.

El epazote es de los más nobles. Puedes licuar unas hojitas en la salsa o agregar ramas al final de la cocción para que perfumen. Si lo licúas, usa poco para que no domine.

El comino va perfecto, pero en cantidad mínima. Lo correcto es una pizquita tomada con dos dedos, porque es fuerte. Bien usado, da un fondo sabroso que se nota sin robarse el plato.

Y el clavo de olor, si lo usas, que sea con respeto: uno o dos clavitos en la cocción de la carne y luego se retiran. Deja un aroma elegante, pero si te pasas, se vuelve invasivo.

También puedes usar laurel en la cocción para dar ese toque de guiso. La idea es que la carne salga suave y aromática, y que la salsa, al integrarse, quede con un sabor redondo, perfecto para el taco.

Después de leer todo esto, seguro ya se te antojaron. Preparar costillas de cerdo en salsa verde es regresar a lo tradicional, a lo sabroso y a lo que nunca falla en la mesa. Y cuando pruebes ese primer taco con la carne bien suavecita y la salsa perfecta de sal, vas a entender por qué este guisado nunca pasa de moda.

Fabiola Ocampo

Soy Fabiola tengo 25 años cocino todos los días y me encanta desayunar huevos a la mexicana, mi parte favorita de cocinar es comer y la menos favorita es lavar los trates. Sígueme en redes para saber más de mí

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