Crema de espinaca

Si buscas una receta super sana y deliciosa, que además sea fácil de preparar y perfecta como entrada, esta crema de espinaca te va a encantar.

Aquí descubrirás diferentes formas de hacerla, con trucos para que quede cremosa, verde brillante y llena de sabor, usando ingredientes sencillos que probablemente ya tienes en casa.

Índice

🥬 Ingredientes

Tiempo
35 minutos
Preparación
Fácil
Para la base:
🧈 3 cucharadas de mantequilla sin sal
🧅 1/4 de taza de cebolla picada
🧄 1 diente de ajo picado
🌾 2 cucharadas de harina de trigo
Para la crema:
🥬 300 g de espinacas frescas o congeladas
🥛 1 lata de leche evaporada o 1 taza de leche
💧 2 tazas de agua o caldo de pollo
🧂 Sal al gusto
🌰 Pimienta blanca y nuez moscada opcional

¿Cómo preparar la crema?

Primero se derrite la mantequilla a fuego bajo y se añade la cebolla. Es importante cocinarla unos 7 a 10 minutos hasta que esté transparente y suave, pero sin dorarla en exceso. Esto permite que suelte sus azúcares naturales y aporte un sabor más profundo.

Luego se agrega el ajo y se sofríe brevemente, cuidando que no se queme. El ajo quemado amarga la crema, así que este paso requiere atención.

Si decides usar papa para espesar, agrégala en cubos pequeños junto con el agua o caldo. Debe cocinarse hasta que esté blandita. Después se incorporan las espinacas y se dejan solo unos minutos, lo suficiente para que cambien de textura pero mantengan su color verde brillante.

No cocines demasiado la espinaca, porque pierde nutrientes y se oscurece. Con 4 a 5 minutos es suficiente. Luego se licúa todo con cuidado.

La técnica del roux

En otra olla, mezcla mantequilla con harina y cocina durante dos minutos sin dejar de mover. Esta mezcla, conocida como roux, elimina el sabor crudo de la harina y aporta cuerpo a la crema.

Después se añade leche caliente poco a poco, sin dejar de batir. Cuando espese, se incorpora la mezcla de espinaca licuada. El resultado es una textura espesa y sedosa, perfecta para servir caliente.

¿Espinaca fresca o congelada?

Ambas funcionan muy bien. La espinaca fresca tiene un sabor más intenso, pero necesitarás bastante cantidad porque al cocinarse reduce mucho su volumen. En cambio, la congelada ya viene lista y resulta muy práctica.

Si usas espinaca fresca, lávala muy bien y desinféctala. Incluso puedes ponerle unas gotitas de vinagre antes de usarla.

La congelada, en cambio, va directo a la olla.

🌿 Claves para mantener el color verde

  • Cocción corta: no más de 5 minutos una vez añadidas las espinacas.
  • Fuego medio bajo: conserva vitaminas y evita oxidación.
  • No agregar demasiada agua: la espinaca ya contiene líquido.
  • Licuar cuando esté tibia: ayuda a mantener textura y sabor.

❄️ ¿Se puede congelar?

Sí, se puede congelar y queda bastante bien, pero conviene hacerlo con un par de cuidados para que no pierda textura ni sabor cuando la vuelvas a calentar.

Lo ideal es esperar a que la crema esté totalmente fría. Si la guardas caliente, se condensa vapor y luego aparece agua extra, y eso puede dejarla más aguada al descongelar.

Si tu crema lleva leche evaporada o un chorrito de nata, también congela, pero es normal que al descongelar se note “separada” al principio. No es que esté mala, solo necesita volver a emulsionar con calor suave.

Un truco práctico: congélala en porciones. Así no tienes que descongelar todo el recipiente. Además, te ayuda a recalentarla solo lo que vas a comer, sin castigar la crema con subidas y bajadas de temperatura.

Para descongelar, pásala al refri desde la noche anterior. Y ya en la olla, calienta a fuego bajo, moviendo. Si notas que quedó muy espesa, añade un poquito de agua o caldo casero, de a poquitos, hasta que vuelva a su punto.

Si la crema trae queso tipo Philadelphia o “quesito” dentro, suele congelar bien. Lo que sí puede cambiar un poco es el aroma de la espinaca, así que vale oro que la descongelación sea lenta y el recalentado sea suave.

Como señal, cuando vuelva a verse lisa y cremosa al moverla, ya está. Y si quieres, al servir, añade crutoncitos o cubitos de queso encima para que se sienta recién hecha.

✨ Versiones con proteína

La crema de espinaca es super sana, pero si la quieres más completa, estas versiones con proteína quedan deliciosas. La idea es sumar sustancia sin tapar el sabor verde que hace especial a la espinaca.

En todas las opciones, el secreto es el mismo: no pases la espinaca de cocción. Cuando se oscurece demasiado, pierde nutrientes y el sabor se vuelve más plano. Mejor cocción corta y fuego medio-bajo.

Otro punto clave: si vas a licuar en vaso de plástico, deja que baje la temperatura. Este detalle parece pequeño, pero te evita accidentes y te deja una crema más estable al triturar.

Con pollo

El pollo aporta “cuerpo” sin complicarte. Puedes cocer un hueso o un trozo de pechuga junto con la cebolla y la papa, apenas con agua que tape. Eso deja un fondo con sabor que transforma la crema.

Luego retiras el hueso, licúas todo y regresas a la olla. Si el pollo fue pechuga, puedes deshebrar un poquito y mezclarlo al final para que haya textura. Así la crema queda más llenadora y perfecta para cena.

Con queso

Esta es la versión más popular, porque el queso ayuda a emulsionar. Puedes usar una cucharadita de queso Philadelphia, quesitos, parmesano, o incluso cubitos de manchego al servir.

Si buscas cremosidad sin que se sienta pesada, la leche evaporada funciona muy bien. Y si te da igual subirle la grasita, un chorrito de nata la deja suave y sedosa. Solo cuida el fuego bajo para que no se corte.

Con almendras

Las almendras son un toque distinto y nutritivo. Se sofríen un momento con la cebolla y el ajo, y luego se licúan junto con la espinaca. No necesitas remojarlas si las vas a triturar bien.

Esta versión queda con un sabor más “redondo”, como más elegante, y la textura se vuelve naturalmente espesa. Si quieres mantener el sabor limpio de la espinaca, usa poca agua: recuerda que la espinaca ya suelta mucho líquido.

Diferencias entre sopa y crema de espinaca

Aunque suenan igual, no son lo mismo. La sopa suele ser más ligera y con trozos, mientras que la crema busca una textura más uniforme, más “de cuchara”, y normalmente se tritura para quedar fina.

En la sopa de espinaca, puedes dejar verduras en pedacitos, usar más caldo, y mantener la espinaca como parte del conjunto. En la crema, en cambio, casi todo se licúa, y se cuida que el resultado quede bien cremoso.

Otra diferencia grande está en el espesor. La crema se puede espesar con papa, con un roux de mantequilla y harina, o con lácteos como leche evaporada o nata. La sopa casi nunca necesita espesante; su gracia es ser caldosita.

También cambia la sensación al recalentarlas. La crema, al tener grasa y estar triturada, requiere fuego bajo y mover para que no se pegue. La sopa tolera más el calentón, pero igual conviene no hervir fuerte para cuidar el color.

En la crema, el objetivo es que la espinaca quede verde y viva. Por eso se cocina poquito, se apaga y se tritura. Si te pasas, se pone oscura y ya no luce igual. Ahí es cuando dices: “me quedó”, pero no quedó tan bonita.

Y al servir, se nota la diferencia: la sopa se acompaña fácil con pan al lado. La crema se presta para crutoncitos, un chorrito de crema encima, o cubitos de queso que se derriten y la vuelven más apetitosa.

Opciones para hacerla más cremosa

Para una versión más ligera, usa leche evaporada. Si prefieres algo más intenso, añade nata o crema de leche. También puedes incorporar queso crema, quesito tipo Philadelphia o incluso queso parmesano rallado.

Cuanta más grasa tenga, más cremosa quedará. No es que sea más rica necesariamente, pero sí más densa y suave al paladar.

Algunas versiones incluyen almendras, que aportan un toque nutritivo y diferente. Otras usan hueso de pollo para dar sustancia al caldo. Todo depende de qué tan completa quieras tu crema.

💎 Consejo experto: Si al final notas pequeños grumos, vuelve a licuar todo y regresa a la olla unos minutos más.

Aunque parece sencilla, hay fallos frecuentes que pueden arruinar la textura o el sabor. Evitar estos errores marca la diferencia entre una crema correcta y una espectacular.

Espinaca muy oscura: se cocinó demasiado tiempo; reduce minutos y fuego.
Sabor a harina cruda: no se cocinó suficiente el roux.
Demasiado líquida: faltó papa o harina como espesante.
Muy espesa: añade un poco más de leche caliente.
Sin sabor: ajusta sal, pimienta o agrega un toque de nuez moscada.

Corregir a tiempo permite obtener una crema equilibrada y reconfortante, perfecta para cualquier ocasión.

Al final, servir con cubitos de queso, pan tostado o crutones le da un contraste delicioso. Esta receta rinde aproximadamente cuatro porciones y funciona como entrada ligera o cena completa.

Después de leer todo esto, seguro ya imaginas el aroma suave de la espinaca recién cocida y esa textura cremosa cayendo en la cuchara. Es una receta sencilla, nutritiva y adaptable, que demuestra que lo más simple puede convertirse en algo verdaderamente delicioso.

Fabiola Ocampo

Soy Fabiola tengo 25 años cocino todos los días y me encanta desayunar huevos a la mexicana, mi parte favorita de cocinar es comer y la menos favorita es lavar los trates. Sígueme en redes para saber más de mí

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