Mollejas de pollo en mole

Hay recetas que no se hacen todos los días, pero cuando salen a la mesa se disfrutan hasta el último bocado. Las mollejas de pollo en mole tienen ese encanto casero que huele a cocina de verdad, a cazuela caliente y a tortillas recién salidas del comal. 😋

Y si ya las conoces, seguramente sabes por qué tantísima gente les agarra cariño. Tienen un sabor distinto al del pollo común, más profundo, más de rancho, y cuando se mezclan con un molito bien guisado quedan realmente deliciosas. 🌶️

Índice

🥬 Ingredientes

Tiempo total
2 horas 20 minutos
Dificultad
Media
Para cocer las mollejas:
🍗 2.2 kg de mollejas de pollo bien limpias
🧅 1/4 de cebolla
🧄 1 cabeza de ajo partida por la mitad
🧂 Sal al gusto
💧 Agua suficiente para cubrir
Para el mole:
🌶️ 4 chiles guajillo limpios y sin semillas
🌶️ 3 chiles puya limpios y sin semillas
🔥 5 chiles de árbol, opcionales
🧄 3 dientes de ajo
🧅 1 trozo de cebolla
🌽 3 cucharadas de harina de maíz instantánea tipo maseca
🫙 1/4 de cucharadita de comino molido
⚫ 1/4 de cucharadita de pimienta negra molida
🥄 2 cucharaditas de consomé de pollo
🧂 Sal al gusto
🫒 2 a 3 cucharadas de aceite
💧 Agua caliente para remojar y licuar
Para servir:
🍚 Arroz blanco o rojo al gusto
🫓 Tortillas calientes recién hechas o recalentadas

Con estas cantidades sale una receta bastante rendidora, ideal para una comida familiar de buen tamaño. Si en tu casa son pocos, puedes hacer la mitad sin problema y conservar el resto para otro día. 🍽️

🍲 Preparación paso a paso

Aquí lo importante es no querer correr. Las mollejas necesitan su tiempo y el mole también agradece hacerlo con calma, porque justo ahí está la diferencia entre un platillo regular y uno que de verdad se antoja repetir.

Limpia y cuece las mollejas

Lava las mollejas una por una bajo el chorro de agua. Revísalas con paciencia y, si encuentras cueritos duros o pedacitos demasiado firmes, retíralos con ayuda de un cuchillo.

Ponlas en una olla grande con la cebolla, la cabeza de ajo y sal al gusto. Cubre con agua y cocina a fuego medio hasta que hiervan. Cuando suba la espuma, retírala varias veces con una cuchara. 🫧

Después tapa la olla y deja cocer hasta que queden blanditas. Dependiendo de la pieza, pueden tardar entre una hora y cuarenta minutos y casi dos horas. Si el agua baja demasiado, añade más, pero de preferencia caliente.

Tuesta los chiles y licúa el mole

Mientras se cuecen, limpia los chiles retirando semillas y venas. En una cazuela con poquitito aceite, dóralos muy rápido y a fuego bajo. No los dejes de más porque se amargan fácilmente. 🌶️

Haz lo mismo con la cebolla y los ajos. Cuando todo esté doradito, pásalo a agua caliente para que se remoje. Ese remojo no es para cocerlos más, sino para que se suavicen y licúen mejor.

Lleva a la licuadora los chiles remojados, la cebolla, los ajos, la harina de maíz, el comino, la pimienta, el consomé, un poco de sal y suficiente agua del remojo. Licúa hasta lograr una salsa tersa y espesa.

Fríe la salsa, integra y termina

Cuando las mollejas estén listas, escúrrelas y déjalas enfriar un poco. Después córtalas en dos o tres partes, según el tamaño. Partirlas ayuda mucho al servir, porque quedan más cómodas para cada bocado.

Calienta aceite en una cazuela y vacía la salsa. Cocina a fuego medio durante unos 10 minutos, moviendo de vez en cuando. Ese hervor previo del mole es el que termina de acomodar el sabor. 🫕

Ahora sí agrega las mollejas picadas. Mezcla bien, prueba de sal y deja que todo hierva junto cinco minutos más. Debe quedar un mole espesito, brillante y bien pegado a la carne, no aguado ni reseco.

🔎 Señal de que ya está listo
Cuando la salsa ya no sabe cruda, se ve más oscura, huele profundo y las mollejas se sienten suaves al morder, vas bien. Si al mover la cuchara el mole deja un camino breve antes de cerrarse, la textura está en su punto.

🧼 Cómo limpiar las mollejas sin batallar

La molleja es una víscera del pollo, así que sí requiere una limpieza cuidadosa. No es complicado, pero sí conviene hacerlo despacio para quitar lo que no aporta buena textura ni buen sabor.

Lo primero es enjuagarlas muy bien y frotarlas con los dedos. Si notas un pedacito duro, una telita gruesa o una parte demasiado correosa, mejor retírala desde el inicio. Eso te evita encontrarte bocados desagradables después.

También pasa mucho que vengan algunos corazoncitos mezclados. No hay problema. Se pueden cocinar junto con las mollejas y quedan ricos en el mismo mole, solo revisa que estén bien limpios.

Otro detalle útil: mucha gente prefiere no usar el caldo donde se cocieron. Si eres sensible a sabores fuertes, deséchalo y licúa el mole con agua caliente o con el líquido del remojo de los chiles. Así el sabor queda más limpio. 💧

🌶️ Cómo hacer que el mole quede sabroso y no amargue

Este tipo de mole casero no busca ser complicado. La idea es que quede bien sabroso, con cuerpo y con ese picorcito rico que hace querer otra tortilla, no con un amargor que arruine todo.

El secreto principal está en el tostado. Los chiles guajillo y puya solo necesitan una pasadita rápida. En cuanto cambian un poco de color y sueltan aroma, sácalos. Si se ennegrecen, ya te pasaste.

La harina de maíz ayuda a espesar, pero conviene usarla con medida. Tres cucharadas suelen ser suficientes para esta cantidad. Si te excedes, el mole puede quedar pesado y con textura pastosa.

Y hay otro punto que cambia muchísimo: prueba la salsa antes de añadir toda la sal. Ve siempre de menos a más. El consomé ya aporta sabor, así que ajustar al final te deja más margen para corregir.

  • Dora poco los chiles: basta con unos segundos para despertar el sabor.
  • Remoja en agua caliente: así suavizan y la salsa sale más fina.
  • Fríe el mole antes de integrar: ese hervor previo mejora color, aroma y sazón.
  • Rectifica al final: la sal, el consomé y el picante se sienten distinto cuando ya todo hirvió junto.

🍚 Con qué acompañarlas para que luzcan más

Las mollejas en mole quedan muy bien con arroz blanco sencillo y suelto. Ese contraste funciona porque el arroz equilibra el picorcito y deja que el mole siga siendo el protagonista. 🍚

También puedes servirlas con arroz rojo si en tu casa así les gusta más. No está mal. Solo procura que el arroz no quede demasiado condimentado, para que no compita con la salsa.

Las tortillas calientes son casi obligatorias. De verdad hacen la diferencia. Con tortilla recién salida del comal, cada bocado sabe más casero, más completo y más de domingo tranquilo.

Si quieres redondear la comida, acompaña con frijoles de olla, cebollita asada o una salsa aparte. Pero ojo: no hace falta cargar demasiado el plato, porque este guiso ya tiene bastante personalidad por sí solo. 🫓

🍽️ Cómo servirlo mejor
Sirve primero una cama de arroz blanco bien caliente, luego las mollejas con suficiente mole encima y termina con tortillas calientitas al lado. Si el mole quedó espesito, brillante y con buen color, ya tienes un plato que luce muchísimo sin necesidad de adornarlo de más.

✨ Variantes que también quedan ricas

Una de las cosas bonitas de esta receta es que se presta para varios ajustes. Si en tu casa comen menos picante, reduce el chile de árbol o elimínalo por completo. El guajillo y el puya ya dan bastante sabor.

Otra variante muy casera es agregar jitomate asado a la salsa. Queda menos tipo mole y más tipo chilito, pero sale muy bueno y más ligero de sabor. Además rinde bastante para una olla grande. 🍅

Si quieres que el guiso quede todavía más llenador, puedes mezclar algunas piezas de corazón de pollo junto con las mollejas. Comparten bien la cocción y se llevan perfecto con el mismo adobo.

Y cuando buscas una versión más suave, usa menos chiles puya, un poco más de guajillo y acompaña con más arroz. Así el plato sigue teniendo carácter, pero resulta más amable para quienes no comen muy enchilado.

❄️ Cómo guardarlas y recalentarlas

Si te sobran, deja que enfríen un poco y pásalas a un recipiente con tapa. En refrigeración duran bien dos o tres días. Lo importante es guardarlas con suficiente mole para que no se sequen.

Para recalentar, usa una olla pequeña a fuego bajo. Añade apenas un chorrito de agua si notas que la salsa se espesó demasiado. Muévelas con suavidad para que el fondo no se pegue. 🔥

También puedes congelarlas, aunque lo ideal es hacerlo ya frías y en porciones. Separarlas desde antes ayuda mucho cuando solo quieres sacar lo necesario para una comida rápida.

Evita recalentarlas varias veces. Cada vuelta al fuego hace que las mollejas pierdan jugosidad y que el mole cambie un poco de sabor. Mejor calienta solo la porción que vas a servir.

⚠️ Errores comunes que cambian el resultado

Hay errores pequeños que parecen sin importancia, pero en esta receta sí se notan. Y casi todos tienen arreglo si los detectas a tiempo. Aquí están los más comunes.

  • No limpiar bien las mollejas: deja partes duras y sabores menos agradables.
  • Quemar los chiles: vuelve amargo todo el mole aunque uses buenos ingredientes.
  • Querer acortar la cocción: provoca que las mollejas queden correosas y difíciles de masticar.
  • Poner demasiada maseca: la salsa se vuelve pesada y pierde ese aspecto sedoso.
  • Agregar mucha sal desde el inicio: luego ya no hay manera fácil de corregir.

Si algo ya salió medio pasado de sal, puedes agregar un poco más de agua caliente y dejar hervir un momento. No hace milagros, pero sí ayuda. Y si el picante quedó fuerte, el arroz blanco salva bastante. 😅

En cambio, si quedó muy aguado, todavía estás a tiempo. Disuelve apenas un poco más de harina de maíz en agua y añádela poco a poco. Hazlo siempre con medida para no arruinar la textura final.

La primera señal es la textura. Las mollejas deben sentirse suaves, pero no deshechas. Tienen que dar mordida agradable, no parecer chicle ni quedarse duras en el centro.

La segunda señal está en el mole. Debe verse rojizo oscuro, con brillo y cuerpo. No debe separarse el aceite ni saber crudo. Cuando lo hueles, tiene que abrir el apetito desde antes de servir. 🤎

La tercera señal es la más clara: cuando pruebas una con tortilla y te dan ganas de repetir. Ahí no hay pierde. Si el picorcito entra rico, el arroz equilibra y todo se siente bien amarrado, quedó excelente.

Y hay una pista más, muy casera: cuando alguien en la mesa dice que pensó que no le gustaban las mollejas y termina comiendo a gusto. Eso casi siempre significa que el guiso salió bien.

Este es de esos platillos que quizá no se ven elegantes de restaurante, pero tienen ese sabor honesto y casero que se recuerda. Con calma, buena limpieza y un mole bien guisado, salen para lucirte sin gastar de más.

Así que cuando quieras cocinar algo distinto, rendidor y con mucho sabor, dale oportunidad a esta receta. Bien hecha queda deliciosa, picosita, suave y perfecta para comerse despacito, con arroz y tortillas calientitas. 🌮

Fabiola Ocampo

Soy Fabiola tengo 25 años cocino todos los días y me encanta desayunar huevos a la mexicana, mi parte favorita de cocinar es comer y la menos favorita es lavar los trates. Sígueme en redes para saber más de mí

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